Archivo Niram Art


EL TRAMPANTOJO DEL OCIO por YANA KLOTCHKOV KUZNETSOVA

Así, este gigantesco recinto creado expresamente para recrear la naturaleza, como es el caso de los zoos generalizados en prácticamente todas las ciudades de Europa, en la anterior serie “Stand - by”, Evangelista expone al descubierto su reverso, su aspecto más siniestro: la permanente presencia artificial del ser humano mediante estructuras que se adaptaban a la topografía del terreno, convirtiéndose aquí lo natural en la ficción. En estas recreaciones estructurales hay una obvia pretensión por conseguir la imitación o recreación del hábitat natural mediante ciertos elementos que asociamos como características del ambiente original, lo que demuestra al mismo tiempo hasta qué punto el ser humano está condicionado por la visión estereotipada que ha generado previamente sobre los elementos de su entorno. Así mismo, esta pretensión casi barroca de apariencia es quebrada en el momento que estos “contenedores del ocio” incorporan  una serie de estructuras artificiales de marcado carácter geométrico creando así espacios “fotografiables”, como si ya desde un principio hubieran sido dispuestos pensando en una relación iconográfica con el espectador. Evangelista nos muestra una percepción dual inherente a la concepción humana del espacio: por una parte, sus intenciones de imitación, tramposa creación que intenta recrear con la mayor similitud posible un entorno “salvaje”, trampantojo intencionado, casi barroco, que juega con la cultura visual del espectador; por otra, la búsqueda de los elementos básicos de la realidad, depurados hasta formas geométricas desnudas, realizadas con materiales imperecederos, casi atemporales, en donde los protagonistas de estas escenografías deben desenvolverse. De esta forma,  recurrido al trampantojo o bien a las estructuras de hormigón, el animal siempre queda descontextualizado, fuera de su ámbito, chocando paradójicamente con el objetivo inicial. Esta paradoja se plasma con crueldad mediante la captura de una realidad dinámica a través de una imagen inmóvil, presentando la apariencia artificial de la escena, casi mortal, en el intento de captar esa rigidez y estatismo hierático que presenta a los animales a modo de los que encontramos disecados en los Museos de Ciencias Naturales. En ellos, Evangelista capta cómo los protagonistas de estas escenografías artificiales parecen adquirir de forma involuntaria un patetismo casi cómico al atribuírsele capacidades intelectuales de reflexión que los desvincula de su voracidad y violencia inherentes, atribuyéndoles características “humanas” al condicionar completamente su existencia a las limitaciones y prejuicios definidos en su entorno espacial. Evangelista realiza un giro muy elocuente que remite a  otra visión en las fotografías ya que no crea una interpretación, sino que preserva la visión en sí misma. Así, las escenas aquí fotografiadas tienen un evidente carácter didáctico, en donde no se narran historias, aunque se transmite un relato que está presente en la escena misma, y no en la fotografía en sí. En este sentido, podemos observar en ésta serie fotográfica aquello que el ser humano ha seleccionado y comprimido de la naturaleza que le rodea, convirtiéndose así en juez y verdugo de su propio juego de selección natural darwinista, revelando el egoísmo que muestra el origen del hombre para que vea a quién ha vencido, y cómo ha sometido a la naturaleza para acceder a la cultura, la civilización y el “progreso”. Se pone en evidencia de forma vehemente cómo se impone una estructura al mudo para relacionarse con él, generándose en consecuencia una lucha prácticamente dialéctica y constante entre lo que evoluciona y lo que debe mantenerse. Aún así, surge una pregunta que merece una rápida respuesta: ¿qué hay en estas fotografías que las diferencian de las realizadas por turistas o espectadores cotidianos?: tienen esencia, ven más allá de lo evidente, buscando una nueva visión de una realidad concreta. Evangelista nos propone reivindicar la autenticidad al mostrar la falsedad y la trampa ilusionista, en la que es necesario exagerar la apariencia de la realidad para hacer brotar la ficción. Para ello, el artista concede mucha importancia al tiempo de exposición, al encuadre, las luces, y el color, con el propósito de objetivizar la apariencia de la realidad (las estructuras, los animales, la pretendida naturaleza…), convirtiendo la verdad de la imagen en la falsedad de todo lo que representa, recurriendo para ello a un detallismo hiperrealista. Así, Evangelista nos trasmite su interés por la apariencia de la vida y concretamente de los espacios en donde ésta se desarrolla  revelándolo en la serie  “Selección Natural”.

Ignacio Evangelista, que reside en la actualidad en Madrid, su obra se puede ver en la Galería Utopía Parkway (C/ Agusto Figueroa, 5, 28004. Madrid. ESPAÑA). Licenciado en Psicología. En sus series fotográficas se muestra la relación, en ocasiones contradictoria, entre lo natural y lo artificial, entre lo animado y lo inanimado. Aunque las diferentes series pueden ser formalmente muy distintas entre sí, subyace siempre un tema común en todas ellas, relacionado con la huella de lo humano .Sus principales trabajos son: "Los Pasos Perdidos" (2000): imágenes de pueblos deshabitados; "Imitaciones" (2001): retratos de muñecos de apariencia humana; "Stand By" (2005): imágenes de estaciones de esquí fuera de temporada; "Selección Natural" (2008): imágenes de modernos parques zoológicos de diversas ciudades europeas. Todas ellas han sido expuestas en diversas muestras tanto individuales como colectivas.



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